Filosofia Nicolas Malebranche
 
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Filosofia Nicolas Malebranche

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Nicolas Malebranche
Nicolás Malebranche nació en París el 6 de agosto de 1638. El cartesiano frances fue aclamado por su contemporáneo, Pierre Bayle, como "el filósofo más importante de nuestra época."
Malebranche dedicó un estudio de una década de duración del método cartesiano y sus resultados en matemáticas y filosofía natural. El fruto de este estudio es una obra de dos volúmenes con el título, Búsqueda de la Verdad. ¿De qué se trata la naturaleza del ser humano, la mente y el uso que debe hacerse de ella para evitar errores en las ciencias. (1674-1675). Este texto sirve de base para la reputación de Malebranche en la época moderna. Como indica su título completo, la Investigación se centra en las principales fuentes de error humano y sobre el método para evitar esos errores y para encontrar la verdad.

Ontologia
El ontologismo es un movimiento filosófico que afirma la presencia de ideas innatas en la mente humana y la posibilidad del entendimiento humano −con diversos matices− de conocer adecuadamente la esencia divina y que tal idea es condición de cualquier otro conocimiento.
Su mayor impulsor fue Nicolás de Malebranche y tuvo su momento de más crecimiento durante la Edad Moderna aunque es evidente la influencia de la filosofía platónica en esta escuela.

Época Moderna:
El influjo de Malebranche y la fascinación de su estilo, de su pensamiento y de su vida fueron sencillamente decisivos. En la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri prendió el espíritu de su doctrina, hasta el punto de que muchos de los más celebrados oratorianos pueden ser considerados ontologistas. Uno de ellos es L. Thomassin (1619-95); aunque su mérito histórico pertenezca a la teología, y sus obras revelen una gran erudición, continuador del método positivo de Petavio, en las tesis especulativas de orden filosófico admite y defiende elinnatismo de los primeros principios y una cierta visión inmediata de Dios por intuición, dando por válido el argumento ontológico de Anselmo.
Ontologista es B. Lamy (1640-1715), también oratoriano, distinto del benedictino de la misma época, y también ontologista, F. Lamy. Su ontologismo tiene una base moral, influido por Platón y por Agustín de Hipona; según Lamy, sin Dios como principio moral intuido directamente, la moral y los deberes carecerían de consistencia. Las persecuciones que hubo de sufrir (murió desterrado en Ruan) por sus ideas cartesianas no le impidieron glosar la obra moral de su maestro espiritual Malebranche. Los dos, Thomassin y B. Lamy, compensan, aunque sólo en parte, las posiciones adversas al ontologismo sostenidas por A. Arnauld y por el jesuita P. de Valois.
Influencias ontologistas respira también el oratoriano André Martin (1621-95), que aparece en la historia del ontologismo con el seudónimo de Ambrosio Víctor, después de ser condenadas por la Iglesia sus tesis, aunque entre ellas figuren algunas que no son precisamente ontologistas.
Los ontologistas, mirados con sospecha creciente por las autoridades católicas, recibieron un impulso en la obra del card. F. S. Gerdil (1718-1802). Su ontologismo es producto de una reacción contra el jansenismo y de una evolución de las ideas cartesianas en la línea de Malebranche. Es un ontologismo que se percata de las dificultades que presenta la tesis fundamental de Malebranche y se esfuerza por darle un sentido ortodoxo o aceptable. Nosotros, admite, vemos todas las cosas en Dios pero no por ello vemos la esencia perfectísima divina. Lo que nos es permitido contemplar o asir por intuición inmediata es la esencia divina «en sus relaciones con las criaturas». Lo que vemos de Dios es la semejanza inteligible de las cosas, e incluso para llegar a esta intuición inmediata ha de preceder un intenso esfuerzo de conciencia y de reflexión.
Para comprender el penetrante influjo del ontologismo en la historia de la filosofía del siglo XIX hay que tener presente lo que supuso como reacción frente al iluminismo de laIlustración y como oposición al sensismo. Aunque no sean coincidentes, el ontologismo es un aliado de la filosofía realista tradicional, porque ambos representan la defensa de las ideas universales y eternas sobre la elaboración psicologista o la reducción asociacionista.
El ontologista que puede ser considerado, con Malebranche, como prototipo del sistema es V. Gioberti. De menor aliento es F. A. A. Hugonin, (1823-98), aunque sus ideas se desarrollaron con una preocupación apologética que las suavizaba en la expresión; en efecto, renunció a ellas antes de ser consagrado Obispo de Bayeux.
La inspiración ontologista prendió en la Universidad de Lovaina, aunque mezclada con tesis de claro matiz tradicionalista. Es un ontologismo escolar, si cabe la expresión, y académico, pero que ejerció un gran influjo, y al que un Decreto del Santo Oficio del 18 sept. 1861 denunció como erróneo, resumiéndolo en siete proposiciones,10 tachadas de ontologismo. Antes, en 1843, la Sagrada Congregación del índice, tomándolas de la Teodicea de G. C. Ubaghs (1800-1875), señaló como revisables cinco tesis de sabor tradicionalista-ontologista. A título de catálogo nominal merecen citarse, como ontologistas académicos, además de Ubaghs, de quien escribe Ceferino González «que puede considerarse como el jefe de esta escuela ontológica»:11 el autor de la Défense de 1'Ontologisme, Fabre D'Envieu y Claessens, Müller, Laforet, Brancherau, así como lasInstitutiones philosophiae theoreticae del jesuita Francisco Rothenflue. Los profesores de Lovaina contaban con un órgano de expresión: la «Revue Catholique». El ontologismo de Lovaina encontró en A. Lepidi (1838-1922): profesor durante diez años en Lovaina, inauguró la enseñanza con su obra Examen philosophicum-theologicum de ontologismo, y −como maestro dominicano del Sacro Palacio Apostólico−, más tarde, lo promovió tenazmente.
La adscripción al ontologismo de A. Rosmini y de A. f. A. Gratry ha sido invalidada por la crítica. Sobre Rosmini cualquier atribución ontologista sólo puede basarse en un desconocimiento de la bibliografía más reciente, y sobre Gratry en la interpretación abusiva de algunos textos y del espíritu del Oratorio. No parece correcta la exoneración de ontologismo a Gratry basándola en que «está a cien leguas del error ontologista de Rosmini», como argumenta Julián Marías,12 pues es cabalmente Rosmini el que denuncia como inaceptable la tesis ontologista con trazos más inequívocos que Gratry.
Epistemologia
Piensa Malebranche que todas las maneras de conocer entrañan cierta unión entre el cognoscente y lo conocido, sumándose así a la tesis, reiterada desde antiguo, de que Teologia
1. Una vida dedicada a Dios y al saber
Nicolás Malebranche nació en París en 1638, habiendo fallecido también en la capital francesa en 1715.
En 1660 ingresó en la Société de l’Oratoire de Jésus et de Marie Inmaculée (Sociedad del Oratorio de Jesús y de María Inmaculada), cuyo nombre en latín era Congregatio Oratorii Iesu et Mariae.
Cursó estudios de filosofía y teología en La Sorbona, siendo ordenado sacerdote en 1664.
Esta congregación había sido fundada en 1611 por el cardenal Pierre de Bérulle (1575-1629), quien entre otras actividades introdujo en Francia a la Orden de las monjas Carmelitas.
El grupo tuvo una fuerte influencia en la espiritualidad francesa, con el propósito de centrar la vida espiritual en el aspecto humano de Jesús relacionándolo a la esencia de Dios.
2. Un pensamiento basado en el Creador
Malebranche buscó efectuar una conciliación entre las tendencias espiritualistas, en especial agustinianas, que imperaban en esa institución, con el pensamiento de René Descartes (1596-1650), creador de la escuela filosófica racionalista.
Su principal enunciado es: “Vemos todas las cosas en Dios”, basado en que el conocimiento que poseemos solamente es posible partiendo de la interacción entre el ser humano y Dios. Así, las transformaciones en objetos o pensamientos se originan en Dios y no en los objetos o los individuos.
Fue un gran impulsor del ontologismo, escuela filosófica según la cual hay ideas innatas en el ser humano; además el hombre cuenta con la posibilidad de, a través del entendimiento, conocer la esencia divina, condición de cualquier otro saber.
Sostuvo que el hombre participa del ser de Dios, viviendo en El y contemplando en El las ideas de todas las cosas creadas.
Así conoce el mundo, inclusive las cosas corpóreas, a través de los arquetipos presentes en la mente de Dios.
Lo primero conocido es el Infinito, del que lo finito no es sino una limitación y el conocimiento sensible una visión defectuosa.
Por ello, en la medida en que el hombre es espíritu vive en Dios y lo mismo sucede con su obrar moral: en la medida en que el hombre aprehende el bien moral, aprehende algo de la eterna e infinita bondad y vive en Dios cuando ama con rectitud, así como vive en Dios pensando cuando piensa lo verdadero.
3. Su legado, en una obra clave
Estas ideas de Malebranche están desarrolladas en su obra fundamental, La búsqueda de la verdad, publicada en 1674.
Allí también elaboró una teoría del error que tuvo gran influencia en su tiempo, afirmando que entre sus causas deben considerarse la costumbre y el conformismo humano.
El espíritu, sostiene, tiende de manera espontánea a elaborar síntesis a las que atribuye el valor que también ya otorga a los conocimientos de que dispone.
Malebranche considera la relación entre alma y cuerpo, vinculada con fuerza a la distinción de sustancia pensante y sustancia externa planteada por Descates, desde su ver “todas las cosas en Dios” y por consiguiente menos problemática.
Nuestro espíritu no conoce nada más que lo espiritual; esto es, la idea de los cuerpos.
El Yo personal vive enteramente de Dios, pero la causalidad divina tiene que tener en cuenta las “ocasiones” adheridas al Yo creado.
El ocasionalismo, del cual participara Malebranche, si bien en forma parcial, constituyó un influyente movimiento filosófico que consideraba que, cuando se produce un movimiento en el alma, Dios interviene para producir un movimiento correspondiente en el cuerpo y viceversa. Con esta doctrina intentó sintetizar el cartesianismo y el agustinismo.
Esa teoría difiere de la armonía preestablecida entre las sustancias o “movimiento de relojes”, que mantenía Gottfried Wilhelm von Leibniz, filósofo y pensador alemán (1646-1716), para quien el tiempo debía ser solamente un aspecto de la relación entre las cosas reales y los procesos reales en el mundo.


4. Dios, el origen de todo
En el pensamiento de Nicolás Malebranche luce el concepto de la filosofía cristiana según el cual el hombre no participa de la identidad de Dios; su personalidad e individualidad se subrayan aunque según este filósofo Dios sea el primum ontologicum: la primera cosa o el principio de todas las cosas, lo primero que es necesario conocer para a partir de allí conocer lo demás. Alberto Auné

http://culturacienciaypensamiento.wordpress.com/2012/09/25/nicolas-malebranche-dios-el-principio-de-todas-las-cosas/
El conocimiento de su existencia: el argumento ontológico
Si Dios es conocido por sí mismo, parece obvio que Malebranche defienda el argumento ontológico, y que lo defienda incluso como la prueba «más bella, más destacada, más sólida, o sea, la que menos cosas supone» [Œuvres I: 441]. Pero, aunque él diga que ese argumento «está sacado... de Descartes» [Œuvres II: 93], también afirma que el de Descartes necesita ser completado para poder hablar de una prueba «más completa y convincente» [ŒuvresVIII: 947]. Malebranche parte, en efecto, siempre del mismo principio: «Nada finito puede representar lo infinito» [Œuvres II: 96], porque eso equivaldría a decir que «veríamos algo que no existe» [Œuvres II: 100], pues ¿cómo lo infinito va a estar contenido en lo finito? Dicho lo cual podríamos establecer ya esta conclusión: lo infinito no puede ser percibido en lo finito, que es como decir que lo infinito sólo puede ser percibido inmediatamente. Pero no todo termina aquí, pues habría que añadir ahora: «Todo lo que el espíritu percibe inmediatamente existe realmente..., pues, si no existiese, al percibirlo, no percibiría nada, lo cual es una contradicción manifiesta» [Œuvres XV: 5], porque percibiría y no percibiría a la vez: percibiría, porque dice percibir, y no percibiría, porque percibir nada es no percibir. Para evitar esa contradicción no queda más remedio que decir que, como conocemos a Dios inmediatamente, Dios realmente existe.
Obviamente, parece que estamos ante una verdad deducida. Pero esto no debe engañarnos, porque, si aquí hacemos una deducción, es para exponer esa verdad «a los demás» [Œuvres II: 372]. Y es que, bien mirado, no se trata de una verdad deducida, sino intuida o, como le gusta decir a Malebranche, de una preuve de simple vue [Œuvres II: 372], porque la prueba no se apoya en la idea de Dios, sino en el conocimiento inmediato de Él. Lo cual no es más que decir: tan pronto como conocemos inmediatamente a Dios, conocemos inmediatamente que Dios existe realmente. Como si dijéramos: «Basta pensar en Dios para saber que Dios existe»
Si se exceptúa la teoría de la creación, comprendiendo en ella la conservación, la doctrina sobre las ideas divinas y la naturaleza de las verdades necesarias, teoría calcada sobre las enseñanzas de la Filosofía escolástica de Santo Tomás, la doctrina de Malebranche entraña defectos, errores y tendencias peligrosas. Como concepción filosófica, tiene el gravísimo defecto de carecer de organismo lógico y sistemático, siendo frecuentes, no ya sólo las dudas y la oscuridad, sino las contradicciones más chocantes. Sin contar las que arriba quedan apuntadas y concretándonos a la teoría del conocimiento, unas veces dice que vemos a Dios de una manera inmediata, directa y en sí mismo, al paso que otras nos dice que si vemos la substancia divina, es solamente en cuanto relativa a las criaturas o participable por ellas; si en una parte nos dice que vemos en Dios los cuerpos pero no las almas, en otra afirma que vemos en Dios todas las cosas.
Aplicando y desenvolviendo la dirección racionalista de Descartes, Malebranche hace alarde, ya de separar completamente la Filosofía de la Teología, ya de marchar por sí solo y sin tener en cuenta las tradiciones de la Filosofía cristiana. Como no podía menos de suceder, y como sucede generalmente en estos casos, este espíritu racionalista arrastró más de una vez y por más de un camino a Malebranche al borde del abismo, bien que su fe católica le impidió caer de lleno en su fondo. Para convencerse de ello, basta recordar:
1.º Que la libertad humana, en el sentido propio de la palabra y en su concepto filosófico, es incompatible con su teoría del ocasionalismo rígido, el cual apenas dista un paso del fatalismo y del determinismo.
2.º Que la confusión del entendimiento con los sentidos, con la imaginación y las pasiones, sin contar la de la voluntad con el juicio, así como la teoría de la visión de los objetos en Dios y del conocimiento por conjetura, el dualismo absoluto en psicología, junto con el ocasionalismo, abren la puerta y preparan el advenimiento del sensualismo y del escepticismo.
3.º Que Malebranche, además de poner en peligro el principio de causalidad con respecto a las substancias creadas, negando a éstas toda causalidad eficiente, se coloca al borde del panteísmo; porque quien afirma que no hay más que una causa verdadera, está muy cerca de afirmar que no hay más que una substancia verdadera, dada la íntima relación que existe entre la noción de causa y la de substancia. Así no es de extrañar que el filósofo francés se viera tentado, según hemos visto arriba, a considerarse a sí mismo como una parte del Ser Divino (et que je fais partie de l'être divin) y a ver en sus pensamientos otras tantas modificaciones de la razón de Dios. Esta tentación transfórmase, en cierto modo, en realidad, cuando escribe en otra parte: «Todas nuestras ideas particulares no son más que la substancia de Dios mismo en cuanto que es relativa a las criaturas».
http://www.e-torredebabel.com/historia-filosofia-gonzalez/malebranche-h-filosofia-g.htm
conocer un objeto es unirse a él. Esta unión unas veces se produce directamente, y otras, indirectamente, según los objetos sean interiores al propio sujeto o exteriores a él. Cuando el objeto está dentro del alma, la unión cognoscitiva es directa, que es lo que ocurre con el conocimiento de nosotros mismos y con el conocimiento de Dios, mientras que, cuando el objeto está fuera del alma, la unión cognoscitiva es indirecta, que es el caso del conocimiento de los cuerpos y de los demás. Hay, de este modo, dos formas de conocimiento directas y dos formas de conocimiento indirectas
http://www.philosophica.info/voces/malebranche/Malebranche.html#toc1

 
Antropologia
Pensamiento antropológico.
El pensamiento de nicolas malebranche está en el ocasionalismo en la que dice que Dios es la única causa verdadera siendo las demás causas ocasionales, por lo tanto el conocimiento no se debe a la interacción con los objetos sino las cosas serian vistas en Dios.
Dios no es conocido de forma directa sino de modo indirecto en las cosas creadas, argumenta que el cuerpo es pasivo y no actúa y el alma es inmaterial, no puede ser movido por el cuerpo, Dios actúa sobre ellos haciendo que el alma actué con los movimientos del cuerpo y el cuerpo con la voluntad del alma.
Las ideas no son puestas por nosotros sino Dios es el creador y el pone las ideas en nosotros, para concluir Dios es el que hace que el cuerpo y el ama interactúen y que el hombre obtenga el conocimiento el hombre por si solo queda limitado.
http://maquiavelos.blogia.com/2010/030701-nicolas-malebranche-y-jhon-locke.php
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